Llegado el momento en el que Manuela Jiménez inició la senda del retiro en ZITRO su fundador, Johnny Ortiz, le rindió el más cálido de los homenajes con unas palabras que me consta le salieron de lo más profundo de su sensibilidad. Y no era para menos pues se ponía fin a una etapa de casi veinte años en la que los dos se fundieron en un propósito común compartido día a día, ilusión tras ilusión y un método de trabajo incesante y esforzado que no admitía respiros ni sabía de desfallecimientos.
Decía la verdad Johnny cuando reconocía que Manuela había estado junto a él desde que comenzó la grandísima aventura empresarial de ZITRO y por tanto no la imaginaba sin ella, sin su presencia cotidiana, sin su apoyo constante, sin el concurso de su buen juicio y su amplia visión del negocio.
Tengo que confesar que viví el arranque de ZITRO muy de cerca. Cuando todavía no había iniciado su andadura en España. Esto fue así porque Johnny, que me daba el tratamiento de doctor, me lo anticipó en Las Vegas: «Tú serás el primero que sabrás de la realización del proyecto que tengo entre manos», y cierto es que cumplió su promesa de caballero.
Por atesorar muchas vivencias respecto al desarrollo y posterior expansión mundial de ZITRO he sido testigo de la comunión total existente entre Johnny y Manuela. En aquéllos primeros años en los que se estaba iniciando su ascenso hacia los cielos del reconocimiento sectorial formaban un binomio entusiasta sólidamente unido. Un sentido unitario que se fue fortaleciendo a lo largo de casi veinte años y que ha dado óptimos frutos tanto desde la perspectiva empresarial como desde la vertiente humana.
Afirmaba Johnny que se echará mucho de menos a Manuela en lo sucesivo. Es natural que así sea dada la implicación directa que ella ha tenido con todo lo relacionado con el devenir de la empresa, arrimando el hombro al lado de su creador y compartiendo con él todo un camino de superación y de pasos adelante que desembocó en una realidad mundial de resultados espectaculares.
«No puedo imaginar ZITRO sin Manuela.» Este es el mejor reconocimiento que puede recibir nuestra protagonista por parte del fundador de la compañía que rinde así tributo de admiración y cariño a la que fue su principal y extraordinaria colaboradora.






