Playsol cumple 30 años. Una efeméride que no puede pasar desapercibida y que pone de relieve estar ante una de las comercializadoras de mayor enjundia de Andalucía. “Las máquinas cambian, la tecnología cambia y las normativas cambian. Lo que no debería cambiar nunca es la palabra dada, el respeto al cliente y la ilusión por seguir construyendo futuro. Esa ha sido siempre la filosofía de Playsol”. Y así siguen para años pues el relevo generacional está asegurado. Hablamos, EN EXCLUSIVA, con su gerente Enrique Rosas.
30 años de vida de Playsol. ¿Cuál es el hecho o hechos más destacados en todo este periplo?.
Cuando uno mira atrás y repasa treinta años de actividad, es difícil quedarse con un solo momento. Hemos vivido distintas etapas del sector, cambios tecnológicos, normativos y empresariales muy importantes. Sin embargo, si tuviera que destacar algo, sería haber conseguido que Playsol se mantenga durante tres décadas como una empresa sólida, cercana y respetada por sus clientes y por los principales fabricantes del mercado.
Otro hecho especialmente relevante ha sido la confianza que han depositado en nosotros compañías de primer nivel como Recreativos Franco, Unidesa, Novomatic, Euro Gaming Techonoly, Infinity Gaming, Merkur Doshina, Billares SAM, K7 On Play, MGA o con la reciente nombramiento de Service Center de Innovative Technology. Esa confianza no se consigue de un día para otro; es el resultado de muchos años de trabajo, seriedad y compromiso.
Pero, por encima de todo, el mayor hito ha sido haber construido una empresa basada en las personas. Muchos clientes llevan con nosotros prácticamente desde el principio y eso es algo que tiene un valor enorme.
¿De qué se siente más orgulloso en estas tres décadas de actividad?.
Sin ninguna duda, de las relaciones humanas que hemos construido durante todos estos años. El sector del juego es un negocio de máquinas y tecnología, pero sobre todo es un negocio de personas. Me siento orgulloso de haber mantenido siempre una filosofía basada en la cercanía, la honestidad y el servicio.
También me enorgullece haber sido capaz de adaptarme a cada etapa sin perder la esencia de la empresa. Hemos crecido, hemos evolucionado y hemos incorporado nuevas líneas de negocio y nuevos fabricantes, pero nunca hemos dejado de estar al lado del operador cuando nos ha necesitado.
Si después de treinta años seguimos contando con la confianza de tantos clientes y amigos, es porque hemos hecho las cosas de una forma determinada. Ese es, para mí, el verdadero éxito.
De todas las máquinas distribuidas en este tiempo, ¿cuál fue un auténtico “bombazo” y albergan un recuerdo imborrable?.
Afortunadamente, durante estos treinta años hemos tenido la oportunidad de distribuir productos que marcaron una época y que dejaron huella en el mercado andaluz.
Recuerdo especialmente máquinas como Santa Fe Mine, La Nevada, Master Game, Bingo Lotto, Novo Line o Manhattan. Cada una de ellas tuvo su momento y representó una auténtica revolución para los operadores. Fueron productos que funcionaron extraordinariamente bien y que ayudaron a transformar el parque de máquinas de muchos establecimientos.
También merece una mención especial la llegada de las ruletas electrónicas a los salones de juego. Supusieron un cambio muy importante en la oferta de ocio y abrieron una nueva etapa para muchos operadores.
Sería injusto elegir una sola porque cada una de ellas forma parte de la historia de Playsol y de los recuerdos de una generación de profesionales del sector.
Ustedes son memoria viva del sector en Andalucía. ¿Cuál fue el avance más importante en materia normativa y cuál se espera en la actualidad que ayude al recreativo?.
Desde mi punto de vista, el cambio normativo más importante que hemos vivido fue el reglamento de 2005 con la incorporación de la máquina multipuesto, tanto en hostelería como posteriormente en los salones de juego. Aquella medida permitió modernizar la oferta, aumentar la competitividad del sector y adaptarse mejor a las nuevas demandas del mercado.
Fue una evolución necesaria que marcó un antes y un después y que contribuyó de forma decisiva al desarrollo de muchas empresas.
En la actualidad, creo que el sector necesita seguir avanzando hacia una regulación que facilite la innovación y permita incorporar nuevas tecnologías con mayor agilidad. También sería importante seguir trabajando en la simplificación administrativa y en medidas que aporten estabilidad y seguridad jurídica a las empresas. El recreativo ha demostrado durante décadas su capacidad de adaptación y merece un marco que favorezca su crecimiento y modernización.
¿Cómo ve a Playsol dentro de otros 30 años?.
Cuando fundé Playsol hace treinta años, jamás imaginé todo lo que íbamos a vivir. Hoy, al mirar hacia el futuro, tengo una enorme tranquilidad porque la empresa ya está iniciando una nueva etapa generacional.
En los últimos años se han incorporado mis dos hijos al proyecto, algo que para mí tiene un significado muy especial. Ver cómo una empresa que nació prácticamente desde cero puede tener continuidad familiar es probablemente una de las mayores satisfacciones que puede experimentar cualquier empresario.

Dentro de treinta años me gustaría que Playsol siguiera siendo reconocida por los mismos valores que la han acompañado desde el primer día: profesionalidad, cercanía, compromiso y pasión por el trabajo bien hecho. Seguramente el sector será muy diferente, la tecnología habrá evolucionado enormemente y aparecerán nuevos retos, pero espero que la esencia siga siendo la misma.
Si dentro de treinta años Playsol continúa siendo una empresa de referencia en Andalucía y mis hijos pueden sentirse tan orgullosos de ella como yo me siento hoy, significará que hemos hecho las cosas bien.
«Las máquinas cambian, la tecnología cambia y las normativas cambian. Lo que no debería cambiar nunca es la palabra dada, el respeto al cliente y la ilusión por seguir construyendo futuro. Esa ha sido siempre la filosofía de Playsol.»














