Cuentas de redes sociales con millones de seguidores están promocionando casinos online sin licencia y juegos de slots a través de plataformas como YouTube y Twitch, propiedad de Amazon, según una investigación del consorcio periodístico Investigate Europe.
El auge del streaming —la retransmisión en directo de contenido multimedia por internet— ha convertido los vlogs diarios y los vídeos de juegos en un fenómeno de masas que mueve millones de visitas y genera ingresos considerables para sus creadores. Más allá de acuerdos publicitarios tradicionales y patrocinios, la investigación revela que algunos creadores europeos han encontrado una lucrativa fuente de ingresos en la promoción de juegos de azar.
Investigate Europe documenta cómo streamers de al menos siete países europeos redirigen a sus seguidores hacia decenas de sitios de apuestas sin licencia. Las pruebas recopiladas —incluido el testimonio de un informante interno, documentos financieros y el análisis de políticas de casinos y datos de tráfico web— apuntan a un sistema en el que los creadores obtienen beneficios directos de las pérdidas de los jugadores.
El mecanismo funciona mediante enlaces de afiliación: cuando un usuario crea una cuenta tras acceder a un casino a través del enlace de un streamer, este recibe una comisión. En muchos casos, la remuneración se basa en un porcentaje de los ingresos generados por el jugador, es decir, del dinero que pierde en la plataforma.
Los casinos sin licencia han experimentado un fuerte crecimiento desde la pandemia de la covid-19. Según estimaciones del propio sector citadas en la investigación, estos operadores representarían ya en torno al 70% del mercado de la Unión Europea.
El fenómeno plantea interrogantes sobre la eficacia de la regulación, la protección de los consumidores y la responsabilidad de las plataformas digitales que alojan este tipo de contenidos, especialmente cuando buena parte de la audiencia es joven.
La investigación subraya que el negocio del streaming y el juego online no solo genera notoriedad y altos ingresos para algunos creadores, sino que también abre la puerta a riesgos legales y sociales en un entorno donde la frontera entre entretenimiento y promoción de actividades potencialmente ilícitas resulta cada vez más difusa.











