08/11/2017

eSports: La siguiente pantalla tributaria

Normalmente se practican sentados y con un mando. Son deportes, pero electrónicos. Las competiciones de videojuegos o eSports han traspasado la barrera de lo virtual para convertirse en una realidad de ocio que supera las expectativas y cifras económicas año tras año.

En 2017, la consultora holandesa Newzoo calcula que este sector facture 589 millones de euros. Y hasta 1.270 millones en 2020.

Los más optimistas apuntan a que estos torneos virtuales acaben por atraer tanto público y atención como eventos deportivos de la talla del Mundial de fútbol o la NBA. Aunque, algo así parece lejano, según Newzoo se calcula que a final de año este tipo de competiciones registrarán 190 millones de espectadores.

El auge es innegable, y cabe preguntarse quién gana con él. Por un lado, evidentemente, las grandes marcas de videojuegos. Se prevé que este año gasten 437 millones de euros en patrocinar eventos y jugadores destacados, en publicidad y derechos audiovisuales y multimedia. Su objetivo es lograr un impacto en las ventas de videojuegos y, a medio plazo, hacer de los e-sports un negocio independiente y rentable.

Los otros beneficiarios son, obviamente, los propios e-deportistas, más conocidos como gamers. Algunos de estos jugadores han pasado de ser personas anónimas, que pasaban largas horas, en apariencia improductivas ante una pantalla, a alcanzar una consideración cercana a la de los deportistas de élite.

Compiten de forma individual o por equipos, en ligas nacionales o copas europeas; cuentan con estrategias y entrenadores y, en muchos casos, reciben cuantiosas retribuciones que les permiten hacer de los videojuegos su medio de vida.

Ante esta realidad, cabe preguntarse por la parte menos atractiva de esas ganancias: la tributación. ¿Qué tipo de rentas obtiene un gamer? ¿qué ocurre con esas grandes sumas en el ámbito fiscal? ¿qué problemas podrían surgir?

La mayoría de los jugadores profesionales perciben ingresos en forma de, salarios por estar integrados en un equipo, diversos patrocinios, la cesión de derechos de imagen, publicidad y, por supuesto, en concepto de premios de los torneos.

Estas rentas pueden tener diferente naturaleza en función de varios factores y, por tanto, una tributación distinta según el caso.

En España y otros países de nuestro entorno, se han ido resolviendo las cuestiones y dudas que surgían de un sector tan novedoso a través de la asimilación de la regulación establecida para los deportes tradicionales. Pero, esa aplicación analógica, deja importantes lagunas y espacios de inseguridad jurídica.

Las dudas para jugadores y equipos en este nuevo sector deportivo tan global, digital y dinámico son muchas y variadas. Veamos algunos ejemplos para comprender la complejidad de las situaciones que pueden darse.

¿Dónde debería tributar un gamer español de 16 años, cuya familia vive en España, que pasa 7 meses entrenando en una gaming house en Londres y obtiene un premio de 10.000 euros en un torneo online (desde su residencia en Reino Unido) organizado en Seúl? ¿Cómo se pueden encuadrar estos rendimientos de un torneo dentro de los convenios de doble imposición, dado que los jugadores no tienen la consideración de deportistas ni de artistas? ¿Deben los equipos imputar rentas en especie a los gamers por las temporadas que pasan entrenando en las gaming house? ¿Dónde se considera generada la renta de un vídeo de un gamer español, grabado y editado en España, que se emite solo en Estados Unidos para la campaña de navidad de EASPORTS (desarrolladora del FIFA)?

Todas estas preguntas, y muchas nuevas que surgirán en paralelo a los próximos avances tecnológicos, ocupan el tiempo de jugadores, equipos, organizaciones y empresas, que aspiran a encontrar una regulación acorde a su novedosa e incipiente realidad que simplifique las actuaciones tributarias y aporte seguridad jurídica.

Tanta incertidumbre deja al sector en una situación de vulnerabilidad en materia tributaria, dada la falta de regulación, doctrina y jurisprudencia. En el peor de los casos, tal y como ocurrió con los jugadores de póker online en España, esta falta de certezas podría provocar cambios de residencia en masa, en busca de países con mayores garantías jurídicas.

Un buen paso sería reconocer la condición de deportista de los gamers, ya que facilitaría entre otras cosas la calificación de las rentas a efectos de los convenios de doble imposición.

Por lo tanto, esto nos obliga en materia tributaria a pasar a la siguiente pantalla. España, conocida como la "pequeña Corea mediterránea". Según los análisis de la consultora Deloitte, España es el número uno en términos de penetración de los e-sports y está en una posición inmejorable para hacerse un hueco en el mercado global de los eSports: cuenta con la liga más fuerte de Europa (LPV) e incluso una federación propia (FEVes).

No puede desperdiciarse ese potencial por causa de una regulación fiscal incompleta, imprecisa o equivocada. Necesitamos completar las reglas de juego para el "Tax Duty".



Fuente: expansion


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