Opinión
Colombia inicia el camino de la regulación del juego online en Latinoamérica
Ángel Jiménez (Abogado)

El pasado 25 de julio fue publicado y entró en vigor el Reglamento de Juegos Operados por Internet en Colombia expedido por Resolución del Presidente de COLJUEGOS que, como muchos lectores ya sabrán, es la empresa pública que tiene allí encomendada la administración del monopolio del juego y que actúa en buena medida como regulador de la actividad.

Junto al citado Reglamento fue asimismo expedido el Documento de Requerimientos Técnicos de los Juegos Operados por Internet y se publicó el Modelo de Datos del Sistema de Inspección que es el equivalente al Modelo de Datos de Monitorización que existe en España. 

Con la publicación de estos tres documentos, y a falta de que finalmente se publique la Resolución en la que se establecerán los requisitos para acceder a la suscripción de los contratos concesionales para la operación de juegos por Internet en Colombia, COLJUEGOS ha culminado el proceso de regulación del juego online y puesto las bases para el desarrollo regulado de esta clase de juegos en territorio colombiano.
 
La regulación del juego online ha sido un proceso largo y en el que COLJUEGOS ha tenido que vencer, no sólo la dificultad intrínseca de toda tarea regulatoria, sino también el vértigo de situar a Colombia como primer país de su entorno en regular el juego online, haciéndolo además del modo que, en mi opinión, más conviene al nacimiento de un mercado: incorporando las medidas y soluciones que se han demostrado exitosas en otras jurisdicciones. 
 
En la nueva normativa colombiana hay mucho (y bueno) de la regulación del juego española que, a su vez y como es sabido, tomó muchas ideas de las regulaciones que la precedieron en Europa, principalmente de las regulaciones italiana y francesa. 
 
Como decimos, la regulación de un fenómeno global como es el juego online exige el estudio y la valoración de las soluciones adoptadas por otras jurisdicciones, requiere innovar en aquellas cuestiones que no fueron resueltas por las diferentes jurisdicciones precedentes o que se han demostrado deficientemente resueltas por éstas y, en todo caso, precisa la adaptación de las medidas que finalmente se incluyan a las particulares circunstancias del país que regula. 
 
En este proceso la nueva regulación colombiana ha tomado lo mejor de la normativa española, ha mejorado o evitado muchas medidas que dificultaban o podían llegar a dificultar el desarrollo del mercado y ha procurado el encaje de todo ello en un entorno jurídico y social muy diferente al español. Sólo el tiempo nos mostrará si COLJUEGOS ha acertado con su trabajo, pero creo no equivocarme al afirmar que en el aspecto puramente regulatorio nos encontramos ante una magnífica normativa que insiste en la senda correcta: la del desarrollo competitivo del mercado y la libertad de los operadores de juego, sin olvidar el control público de la actividad y la tutela de los jugadores. 
 
Con mucho acierto, la normativa colombiana de juego online ha incluido desde su inicio un amplio catálogo de juegos, desde luego, mucho más amplio que aquél con el que hace cinco años partimos en España y del que sólo se echan de menos algunos juegos como, por ejemplo, las apuestas sobre eventos virtuales. Se trata sin lugar a dudas de un catálogo más que suficiente, que da amplio margen a los operadores para el diseño de su oferta y que, además, si se llegara a demostrar insuficiente, resulta fácil de innovar para COLJUEGOS. 
 
Se ha huido de autorizaciones innecesarias y de ventanas de oportunidad para la obtención de los contratos concesionales, bastando la comunicación a COLJUEGOS y la aportación de las certificaciones necesarias para la explotación de nuevos juegos una vez se cuenta con un contrato. 
 
La nueva regulación publicada por COLJUEGOS ha abierto las puertas a lo que seguro será un saludable desarrollo del mercado colombiano de juego online y, el hecho de que se hayan adoptado soluciones técnicas ya conocidas por los operadores presentes en otros mercados (fundamentalmente en el mercado español), facilitará enormemente la entrada a muchos de ellos en un mercado que es ya por derecho propio la puerta de entrada al juego online regulado en Latinoamérica. 
 
Colombia es un país atractivo, con una población ligeramente por debajo de los cincuenta millones de habitantes, con un crecimiento económico sostenido y una destacable seguridad jurídica. Es un importante foco de atención inversora en Latinoamérica y, como consecuencia de su nueva regulación del juego online y sin perjuicio de los requisitos que se terminen fijando para la suscripción de un contrato que permita la operación de esta clase de juego, es un país al que un operador de juego que venga desarrollando su actividad en España puede trasladar su operativa online con muy ligeros cambios o, lo que es lo mismo, con una inversión muy reducida. 
 
Las condiciones económicas de la operación son mucho más sencillas que en España y requieren del operador un esfuerzo muy inferior al que ha exigido la normativa española, particularmente en lo que se refiere a las garantías que deben ser aportadas y que se sitúan inicialmente en el entorno de los 180.000 euros. Si a eso le unimos unos derechos de explotación (que a efectos prácticos son el equivalente colombiano al impuesto sobre actividades de juego) del 15% sobre ingresos netos (para los juegos con retorno al jugador superior al 83%), no es difícil vislumbrar que se trata de un mercado que ningún operador debería pasar por alto.
 
Desgraciadamente, no todo podían ser buenas noticias y junto a una regulación realmente favorable para el desarrollo del mercado, nos encontramos con un notable inconveniente: la sujeción de la actividad de juego al IVA (con un tipo del 16%), además de la aplicación del impuesto sobre ganancia ocasional a los premios obtenidos en los juegos. 
 
Se trata en ambos casos de problemas que vienen impuestos por el entorno jurídico-regulatorio colombiano, a los que, desde COLJUEGOS, se ha tratado de dar solución pero que, sin duda, resultan preocupantes para cualquier operador interesado en participar en el arranque del nuevo mercado. A este respecto, y sin tratar de minimizar el impacto que ambos impuestos presentan en el desarrollo de las actividades de juego, no puede obviarse el hecho de que no se trata de una cuestión novedosa para los ciudadanos colombianos y que, al menos a priori, no deben generarse allí los mismos efectos que una medida de esta naturaleza podría ocasionar en Europa. Es difícilmente cuestionable que un juego online exento de IVA terminaría de cerrar el círculo de una regulación bien trazada, pero tampoco creo que la actual situación empañe lo mucho bueno que la regulación contiene y que convierte a Colombia en el lugar ideal para iniciar una futura expansión de los operadores de juego presentes hoy en España.
 
En definitiva, Colombia es ya el primer país latinoamericano que regula el juego online. Es el primero que lo regula y, además –y en esto expreso mi opinión personal-, el primero que ha acertado al decidir el camino a seguir. Sólo el tiempo dirá si, además de ser pionera en la regulación del juego online en Latinoamérica, Colombia será también la fuente de inspiración de las futuras regulaciones en su entorno. No me cabe duda de que por calidad técnica y jurídica lo merece, pero soy consciente de que tomar el camino correcto, el que más favorece a los ciudadanos y al mercado, no siempre es sencillo en el ámbito regulatorio y, mucho menos, en el marco de la regulación del juego. Ahí ha estado el mérito de COLJUEGOS.
 
 

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